Guía de la Semana Santa de Córdoba 

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Cuaresma: El Cristo de la Síndone, según Miñarro
POR AURORA FLÓREZ. SEVILLA Martes , 09-03-10

Cuaresma: El Cristo de la Síndone, según MiñarroEs cierto que se mueve bajo las manos la piel del Cristo de la Síndone de Miñarro, como si fuera su último latido. Se ondula de dolor, de miedo y de verdad. Es el crucificado que el imaginero y profesor Juan Manuel Miñarro ha gubiado para la Hermandad Universitaria de Córdoba, que, bajo la advocación de Santo Cristo de la Universidad, será bendecido el próximo sábado por el arzobispo de Sevilla y administrador apostólico de Córdoba, Juan José Asenjo, en la iglesia de San Pedro Alcántara.

Mañana la impactante imagen del Señor muerto, reflejando tal y como fue su tortura siguiendo las pautas de la Sábana Santa de Turín, viajará hacia Córdoba desde el taller de Miñarro después de más de nueve años de labor, de estudio multidisciplinar, de arte doliente puro surgido de las manos del escultor, que ha reflejado el tremendo castigo sufrido por Jesús en un cuerpo lacerado, cuya visión provoca piedad e invita a la reflexión y a la devoción.

Tras tantos años de estudio y trabajo, empieza a despedirse el imaginero de su Cristo, vencido en una agonía de asfixia y terror, una representación de la realidad que ninguna hermandad vieja o nueva de Sevilla ha sabido o querido entender y buscar, y con la que ha creado un fuerte vínculo parecido al que mantiene con la Síndone, entre la duda y la certeza de su veracidad.

Rigor mortis
Sin duda, la imagen sobrecoge y más aún si se piensa en que fue el aspecto que debió presentar el cuerpo del hombre de la Síndone aún en su cruz, a la media hora de haber muerto, cuando por mor del esfuerzo y del tremendo sufrimiento, empezó a hacer su aparición el rigor mortis.

Miñarro ha reflejado las heridas que exudan líquido seroso, los coagulos de sangre, los ciento veinte exactos latigazos con el «flagrum taxillatum», con sus tiras de nervio terminadas en bolas de plomo: el rostro hinchado, la nariz rota, las lágrimas en los ojos al expirar, la sangre en la boca, con la lengua seca, cianótica, apenas entrevista, la lanzada en el costado y el borbotón sanguinolento y de fluidos, las rodillas desgarradas, el vientre inflamado debido a la muerte por asfixia, los treinta y seis puntos sangrantes entre la frente y la nuca por la corona de «ziziphus jujuba» o «spina Christi», con sus puntas ganchudas, la misma que lleva la imagen cubriéndole la cabeza, como si fuera un casco.

«Es la interpretación de cómo fue el calvario del Señor, exactamente igual a cómo quedó reflejado en la Sábana Santa». Para Juan Manuel Miñarro «nada es caprichoso» en la imagen, a la que ha llevado el mapeado de las heridas en un proceso de darle dimensión y recrear en la policromía el color de los fluidos y la sangre, de los edemas cadavéricos, utilizando diversos productos para recrear la textura sangrante o la del suero amarillento propios de una muerte con mucho sufrimiento.

«No he intentado sólo interpretar, sino verificar tridimensionalmente al hombre de la Síndone», explica Miñarro.Nada en esta representación del Cristo de la Universidad se debe a la improvisación o imaginación. La visión de su cuerpo en la cruz -de 2,20 metros y construida con rigor arqueológico en sus formas- está basada en modelos anatómicos en los que ha estudiado cómo se comportan los ligamentos y cómo es la caída del cuerpo al morir.

Por ello, la cabeza aparece hundida entre los hombros y el cuerpo despegado del madero, con las rodillas flexionadas y todo el peso yendo hacia los pies, muy diferente a las posturas usuales.

La impresión es de trasparencia en la parte superior y más oscura en la inferior por efecto de la bajada de la sangre en un cuerpo que no estuvo más de tres horas cruficicado y que luego fue envuelto en un lienzo, que no lo cubrió más de cuarenta horas. Es el cuerpo que descubrió la Síndone y que Miñarro ha sabido y querido moldear. Su vista no deja indiferente a nadie.


La lluvia obliga a suspender ensayos y dificulta la preparación de los costaleros
Martes , 09-03-10
J. P.
CÓRDOBA.

No tan primordial como que no llueva en Semana Santa, pero casi lo es que no lo haga en Cuaresma y las semanas previas durante los ensayos de las cuadrillas de costaleros, que por mor de las inclemencias meteorológicas corren este año el peligro de afrontar la Semana Santa con menos preparación que otros años.

La constante lluvia ha hecho suspender múltiples ensayos de costaleros en prácticamente todas las cofradías y obligado a los capataces a arbitrar distintas soluciones.

Uno de los capataces a los que más ha incordiado la lluvia ha sido a Luis Miguel Carrión «Curro» que junto a su equipo de auxiliares manda pasos en la capital todos los días de la semana a excepción del Martes Santo y del Domingo de Resurrección. Esta circunstancia ha hecho que deba suspender numerosos ensayos que, no obstante, ha logrado poner al día con «trabajo» y esfuerzo por parte de capataces y costaleros, que se han puesto de acuerdo para realizar los ensayos en momentos que el tiempo ha dado una tregua y aprovechando que los jueves no había ninguno programado.

Según comentó, ha habido que aplazar ensayos en todas las cofradías en las que participan, e incluso se han dado situaciones excepcionales como la vivida en la cuadrilla del Señor Amarrado a la Columna, que ha realizado sólo uno de los dos previstos y ha sido al cuarto intento.

Aun así, «ya está todo cuadrado» aunque con muchas dificultades puesto que, como explicó este capataz, «es complicado poner de acuerdo a tanta gente», sobre todo porque cuenta con costaleros que vienen de fuera de Córdoba y otros muchos salen en otras cofradías con las que también deben ensayar.

Coincidencia con cultos
Mejor suerte han tenido los hombres que llevan pasos como el de Jesús de la Redención, que sólo han suspendido un ensayo, según aseguró el capataz, Juan Rodríguez.

El perjuicio de lo que está ocurriendo esta Cuaresma es doble. El agua está afectando a la práctica en el andar, especialmente de los que salen por primera vez o no están muy experimentados; y a la preparación física de los hombres y mujeres que cumplen esta tarea, en todos los casos.

Así lo indicó Enrique Garrido, que lleva el martillo de los pasos de Nuestra Señora de la Presentación -donde se han suspendido los dos ensayos previstos hasta el momento- y del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. Según este joven capataz, el problema no está tanto en la técnica, que recuerda que es muy importante, como «en el entrenamiento del costalero y en hacer el hábito» después casi un año sin llevar pasos.

Asimismo, a los días en que no han ensayado algunas cuadrillas por la lluvia se unen otros de descanso por coincidir con los cultos de la cofradía a la que pertenecen.

Así las cosas, y para evitar que llegue Semana Santa sin en entrenamiento aconsejable, los capataces que han tenido oportunidad han ensayado en los templos, como los de la Virgen de las Angustias y la del Mayor Dolor en dos ocasiones. Otros, incluso han optado por ensayar lloviendo o sabiendo que lo haría, como ha ocurrido con la cuadrilla de Jesús de las Penas o de la Virgen del Desconsuelo.



 


Autor de los  Reportajes: D. Luis Miranda García   

Publicación: Diario ABC (Edición Córdoba)

 


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